Poder trans en el gobierno de Uruguay – Por Azul Cordo 

Compartir:

Poder trans en el gobierno de Uruguay

La elección de Collette Spinetti como secretaria de Derechos Humanos de Uruguay es bastante excepcional en un gabinete nada paritario que asumirá el próximo 1 de marzo, marcando la vuelta del Frente Amplio a la Presidencia del país, después de cinco años de gobierno de derecha. “Mi designación en este contexto geopolítico es como decir ‘Acá no pasarán’”, dijo la activista trans a LatFem por teléfono, mientras procesa la designación junto a sus hermanas y su madre, y responde más de cinco mil mensajes recibidos en las primeras horas tras conocerse la noticia.

La decisión política del presidente electo Yamandú Orsi es un gesto más cercano a las expectativas del 50% de la población uruguaya que lo votó en segunda vuelta en noviembre de 2024 y deseaba un gabinete 50/50, que acabó teniendo 35% de presencia femenina con ministras de Salud Pública, Defensa Nacional, Vivienda y Ordenamiento Territorial, Industria, Energía y Minería y Transporte y Obras Públicas.

Es la primera vez que una persona trans integrará el Poder Ejecutivo uruguayo. Esta designación es un reconocimiento a la militancia social y política que Collette lleva adelante desde hace décadas en distintos niveles de acción y también es una reivindicación de la diversidad sexual y las disidencias, ante los discursos y decretazos de odio de mandatarios como Javier Milei o Donald Trump.

“El gobierno argentino ha hecho un claro ataque a los derechos de las personas, es un atropello y una muestra de desconocimiento de que los derechos son inherentes a todas las personas. Desde acá vamos a remarcar siempre que el centro de las políticas públicas tiene que estar puesto en las personas y que todas, todos, todes podemos hacer lo que queramos con nuestros cuerpos y nuestras vidas”, afirmó Spinetti.

Ella conoce a Yamandú Orsi desde que tenía 17 o 18 años, cuando venía de ser señalada en su Paso de los Toros natal como “maricón”. Ambos integraban el cuerpo de baile de Canelones, donde el actual presidente electo bailó durante once años, hasta los 26. Collette recuerda que “siempre él y otro compañero eran los únicos dos varones que se acercaban a conversar conmigo desde la empatía. Eso una nunca se lo olvida. Eran los años 80, todavía estábamos en dictadura, yo no expresaba totalmente mi identidad en aquel momento, pero siempre fui muy femenina”.

Esta docente de literatura y de danza es una referente trans en su país y la región. Presidió el Colectivo Trans del Uruguay (CTU) hasta el jueves 6 de febrero cuando renunció, al conocerse su designación como futura secretaria de Derechos Humanos, para tener “una gestión objetiva” y sin “conflicto de intereses” con el cargo. Es presidenta del Comité Directivo Trans de ILGA Mundo, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex y secretaria general de Corpora en Libertad, una red internacional que trabaja con personas LGBTI+ privadas de su libertad.

La situación de personas trans presas es bien conocida por Collette: desde hace una década realiza talleres en cárceles y articula con el Departamento de Género y Diversidad del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) para instalar en la agenda institucional el respeto a la identidad de género y capacitar a las internas en la defensa de sus derechos, como el acceso a la salud sexual, a posibilidades de estudio y trabajo, en un sistema penitenciario colapsado.

En los últimos años, la población de mujeres cis y personas trans presas creció exponencialmente tras la aprobación de la Ley de Urgente Consideración, que incrementó las penas sin medidas alternativas a la prisión, por delitos vinculados al microtráfico de drogas. En el caso de las trans, entre 2020 y 2024, creció un 50%. “Suelo decir que, para las personas trans, el pasaje por la cárcel es casi una obligatoriedad en nuestras vidas. Y generalmente es por ‘delitos de supervivencia’”, dice Collette.

Hasta mayo de 2024 había 33 mujeres y 11 varones trans privadxs de libertad; 18 de lxs 44 estaban presxs en la cárcel de varones Unidad 4 Santiago Vázquez; 40% del total de esta población trans estaba presa por delitos “de estupefacientes”, otro 40% por delitos contra la propiedad, 18% por delitos “contra la persona” y 2% por “otros delitos”, según el INR.

Si bien el rol de la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia de la República Oriental del Uruguay es “promover, como órgano rector del Poder Ejecutivo, la incorporación de una perspectiva de derechos humanos en las políticas públicas, cumpliendo las funciones de promoción, diseño y coordinación, así como su seguimiento y evaluación”, Collette promete reunirse y conversar con quien será la nueva directora del INR, Ana Juanche (de larga trayectoria en el monitoreo de cárceles desde el Servicio Paz y Justicia-SERPAJ Uruguay y como consultora especializada) y con la directora de Género y Diversidad del INR, Paula Lacaño, “para que las personas privadas de libertad tengan mejores condiciones y brindarles herramientas para que la cárcel no siga siendo una puerta giratoria”.

En cuanto al respeto por la identidad de género en las cárceles y cómo se resuelve hoy dónde encerrar a las personas trans que esperan una pena o que han sido condenadas, Spinetti destacó que, en Uruguay, “cuando las personas trans ingresan, enseguida se llama al Departamento de Género y Diversidad del INR y se les pregunta dónde se sentirían mejor, en una unidad femenina o masculina. Los varones trans suelen sentirse más seguros en cárceles de mujeres, por ejemplo, y allí son derivados. Este respeto por el género y la orientación sexual fue valorado en el último Examen Periódico Universal de Naciones Unidas”.

Un mensaje al mundo

Se define en X como “frenteamplista hasta la médula” y desde 2021 había expresado en distintos medios su intención de participar en política partidaria desde algún cargo legislativo para “cambiar el binarismo político” y hablar “en primera persona” de las problemáticas trans. En ese entonces, el CTU llevaba adelante una de las ollas populares que se multiplicaron desde marzo de 2020 cuando empezó la pandemia de Covid-19, enviando 500 canastas de alimentos a personas trans de todo el país. Ese año también participó en el programa televisivo Masterchef Celebrity.

Entre los objetivos que Collette traza para su gestión está “que este país sea el que más respete los derechos humanos de todas las personas, sin importar dónde vivan: sea en Montevideo, en Bella Unión, en Río Branco, en Colonia o en La Paloma de Durazno”. Para eso, se propone monitorear que las políticas públicas tengan enfoque de derechos humanos y que, en la práctica, “cada persona que atienda en el Estado los conozca y los respete”.

Ella conoce el país como pocas y buscará que hasta en las localidades menos habitadas se implemente el Plan Nacional de Derechos Humanos que tiene vigencia hasta 2027, y armar uno nuevo (ya que el gobierno que asume este 1 de marzo estará en el poder hasta 2030) que trabaje por los derechos humanos de todas las poblaciones: “Con migrantes, afrodescendientes, personas en situación de discapacidad, comunidad LGBT, privadas de libertad, mujeres, disidencias, niñeces, adolescencias, vejeces, descendientes del pueblo charrúa…”.

“Vengo de la militancia social de muchos años y de la militancia política, que a veces se pone difícil. Hay que luchar mucho”, dice Collette, quien se había presentado en las elecciones de 2024 y era diputada suplente. “Me fui posicionando hasta que, para estas elecciones, la lista 52 me invitó a integrarla y apoyamos a Yamandú. Yo sabía que iba a ser nuestro próximo Presidente.”

Si llega una, llegamos todas

Dice Collette que con ella llegan “todas, todos, todes” lxs compañerxs que la respaldaron y trajeron hasta acá y “las finaditas”: las compañeras que han fallecido en los últimos años, cuyos cuerpos fueron sometidos a “tratamientos de reconversión”, a operaciones riesgosísimas, a razzias policiales y violaciones en comisarías.

Collette remarca una y otra vez que en su familia, a diferencia de la mayoría de las personas trans en Uruguay, “nunca me reprimieron por mi deseo de ser mujer”. En una entrevista televisiva recordó el largo duelo que le llevó “descubrir que no era mujer” cuando, de niña, miró unas láminas sobre la musculatura en el cuerpo de un varón y de una mujer que tenía su hermana mayor mientras estudiaba Biología. “Mi madre me preguntaba ‘¿Por qué llorás tanto?’. Yo le decía ‘Por nada. Justo había fallecido un tío mío y le decía que era por eso, pero, en realidad, fue por la frustración… porque yo siempre fui femenina”. Collette usaba zuecos de corcho altísimos de su mamá y las polleras campesinas de sus hermanas.

“Después vas entendiendo que hay cosas que no podés hacer públicamente: vivíamos en Paso de los Toros (una ciudad mucho más chica que Montevideo) y en plena dictadura. Vengo de una familia con presos políticos; entonces era una familia muy señalada por eso y por tener un hijo maricón, muy afeminado”, algo que pesaba en el entorno conservador con consecuencias como ser invitada a un solo cumpleaños de 15 en toda su adolescencia. “A muchas compañeras les pasaron cosas peores y a mí me fortaleció para decir ‘No quiero que nadie más pase por esto’”.

Spinetti estudió Derecho hasta que llegó la novela La hojarasca de Gabriel García Márquez a sus manos y dijo: “Yo quiero estudiar esto”. Así cambió al Profesorado de Literatura. Ya había hecho la carrera de danza en la academia nacional uruguaya, donde fue docente desde 1988 por concurso y, en 2014, se convirtió en la primera mujer trans en ser coordinadora académica de carrera en la Escuela Nacional de Danzas Folclóricas del SODRE. En ese momento, últimos meses del gobierno de José Pepe Mujica, Spinetti declaró al periódico La Diaria: “Nombrar a una mujer trans en la danza folclórica, que es muy machista, es un riesgo grande; por otra parte, los que me nombran son cargos políticos y pueden recibir cuestionamientos desde arriba. Pero sin embargo lo hicieron, lo que desde mi lectura es genial, porque habla de un cambio grande en casos particulares de la clase política, hay una cuestión progresista muy fuerte. Esto no podría pasar en un gobierno de derecha. En esto también tuvo mucho que ver el movimiento estudiantil, así como en todos los cambios de la escuela”.

Hace diez años llevaba un cuarto de siglo como docente y declaraba: “En todas las cosas, como trans, tenés que demostrar más que sos buena profesional, buena gestora, buena persona… No está bueno, pero te acostumbrás. Eso tiene su lado positivo: me ha llevado a estudiar más, a hacer más cursos, a aprender de mis superiores y de otras personas”.

La militancia LGBT también fue creciendo en su vida, articulada con el movimiento feminista desde el principio. “El feminismo es el que me enseñó la militancia trans”, dice Spinetti, que reconoce en la figura de Lilián Abracinskas (directora de la ONG Mujer y Salud en Uruguay) a una “madrina” que la formó en la defensa interseccional de los derechos humanos de las mujeres y las disidencias.

Ahora, con la designación como secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia uruguaya, siendo la primera mujer trans en ocupar un cargo en el Ejecutivo, Collette recuerda esa vez que volvió apedreada del liceo y su padre la vio llegar: “Un día vos vas a estar detrás de un escritorio, y ellos picando piedras”, le dijo. “Vas a pasar mucho pero vas a llegar.”

LATFEM


 

Más notas sobre el tema